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“Y se hizo la luz”…

20 dicembre 2010

Del libro del profeta Isaías 9,1-6

“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín. Porque el yugo que les pesaba y la vara de su hombro – la vara de su tirano – has roto, como el día de Madián. Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego. Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», « Siempre Padre », « Príncipe de Paz ».

Reflexión

“…Al pueblo oprimido y doliente, que caminaba en tinieblas, se le apareció “una gran luz”. Sí, una luz verdaderamente “grande”, porque la que irradia de la humildad del pesebre es la luz de la nueva creación. Si la primera creación empezó con la luz (cf. Gn1,3), mucho más resplandeciente y “grande” es la luz que da comienzo a la nueva creación: ¡es Dios mismo hecho hombre! Pero, ¿no contrasta quizás esta certeza de fe con la realidad histórica en que vivimos? Si escuchamos las tristes noticias de las crónicas, estas palabras de luz y esperanza parecen hablar de ensueños. Pero aquí reside precisamente el reto de la fe, que convierte este anuncio en consolador y, al mismo tiempo, exigente. La fe nos hace sentirnos rodeados por el tierno amor de Dios, a la vez que nos compromete en el amor efectivo a Dios y a los hermanos…” .

Comentarios

Para uno darse cuenta del brillo de la luz, de la importancia que tiene la luz, antes debe haber experimentado la oscuridad. El don de Dios, aunque gratuito y por propia iniciativa, parte siempre desde la necesidad del hombre. Dios cuenta con la realidad en la que vive el hombre y a partir de esa realidad, comienza a ayudarle para que el propio hombre sea consciente de su valor y luche con todas sus fuerzas.

Pensemos ahora en todo lo que, en nuestro pueblo, en este momento de la historia, resulta oscuro. También pensemos cuáles son las oscuridades de mi familia y de mi vida personal. Vamos a convertir esas oscuridades en oportunidad para la esperanza. Pues, a partir de ahí es que Dios quiere hacer la Navidad en cada uno de nosotros.

Este Misterio que vamos a celebrar no es un hecho aislado de mi vida, sutil o irreal, sino que tiene que ver conmigo, con lo mío.

La Navidad es precisamente para mí, es una Buena Noticia del Amor de Dios que viene a salvarme y a darme la luz para que yo pueda luchar por mi felicidad y por la de los demás.

Ecos online – Publicación Semanal, Año 6,domingo 19 de diciembre del 2010, #249

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